El desarrollo e implementación en la sociedad de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC), han traído consigo nuevas formas de comunicarnos y relacionarnos; el acceso inmediato a la información y la cesión de nuestra privacidad son ahora parte de nuestro día a día. Esta transformación digital supone también, y como podemos ver de vez en cuando, nuevos peligros, oportunidades y dilemas que la sociedad deberá afrontar conjuntamente para que los avances tecnológicos sean un beneficio para todos. Para ello se hace necesaria una nueva ética digital con la que podamos establecer las bases para la convivencia y que, además, asegure los derechos de los ciudadanos digitales.

¿Qué es la ética digital?

Podríamos decir que la ética digital es el código social necesario para solucionar los problemas que el uso de Internet está ocasionando; entendemos por estos problemas el derecho de propiedad intelectual, los ciberataques a la seguridad, los límites a la libertad de expresión, la regulación de las grandes corporaciones, la desconexión digital, la conducta en redes sociales y la privacidad de nuestros datos personales.

En el Foro de Davos de 2019 40 líderes empresariales firmaron una Declaración Digital en la que se establecía una serie de principios sobre los que construir la ética digital, un concepto que, como las TIC, está destinado a crecer y desarrollarse al tiempo que estas, para poder ofrecer respuesta a los problemas que van surgiendo de ellas. Entre esos principios destacan:

  • Participación: El desarrollo de las capacidades digitales es una parte integral de la educación de cada ciudadano en cualquier lugar del mundo.
  • Sociedad digital dinámica: Los productos y servicios digitales deben seguir desarrollándose y aportando beneficio a la sociedad.
  • Datos y privacidad: Se debe asegurar el respeto a la privacidad de los ciudadanos a través un manejo de sus tatos responsable, seguro y transparente.
  • Ciberseguridad: Se debe cooperar para reducir las amenazas cibernéticas y reforzar la seguridad de las personas en el ámbito digital.
  • Cooperación diálogo: Las partes interesadas de cualquier lugar y sector deben dialogar y colaborar para alcanzar un mayor desarrollo del futuro digital.

En definitiva, la ética digital tiene varios actores, por un lado la ética del usuario, por otro la ética de las corporaciones y la ética de aplicada a la tecnología. Pero, además, es importante entender que la ética no depende de los softwares, sino de las personas que están detrás de ellos; si quien programa un algoritmo ya lo hace con algún sesgo (por ejemplo, de raza o sexo), el algoritmo estará sesgado.

Ética digital y privacidad en Internet

Con el desarrollo del Internet de las Cosas (IoT), la Inteligencia Artificial (IA), las redes sociales o el Big Data, la privacidad en Internet se ha convertido en uno de los temas más importantes, tanto para gobiernos e instituciones oficiales como para corporaciones privadas y los propios ciudadanos en su papel de usuarios. Estos últimos cada vez están más preocupados respecto a la privacidad de sus datos personales; quién los recopila, para qué y si estos están protegidos.

El Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) es una de esas medidas tomadas por las instituciones, en este caso las de la Unión Europea, por crear un marco legal en el que los ciudadanos estén mejor informados sobre lo que ocurre con sus datos cuando dan su consentimiento para que estos puedan ser tratados por un tercero, además de darles una serie de derechos que pueden ejercer sobre ellos, los conocidos como derechos ARCO (acceso, rectificación cancelación, oposición, a los que se unieron los de limitación y portabilidad).

 

Pero actualmente, en lo que respecta a ética digital y privacidad, todavía hay mucho camino por andar, especialmente de las corporaciones y el mundo empresarial, que son quienes están explotando las nuevas tecnologías para conseguir más beneficios, como es el caso del empleo del Big Data en la toma de decisiones.

empresa y ética digital

Y es que del tratamiento de datos surgen varias cuestiones éticas, especialmente el valor que estos pueden aportar a la sociedad, siempre que no se usen para discriminar, desnivelar la balanza social o generar otros problemas, como por ejemplo el caso de Cambridge Analytica y cómo se influyó en las elecciones de EE.UU. a través de Facebook.

Aunque en Europa es de obligado cumplimiento el RGPD, lo cierto es que la ley llega tarde respecto al desarrollo tecnológico, que siempre va unos pasos por delante. Así, el del Big Data se ha empleado para conocer los perfiles de los consumidores y predecir su conducta, violando la privacidad los usuarios, cuyos datos podían hasta hace poco ser generados, transferidos y analizados sin su conocimiento ni aprobación. El riesgo aumenta cuando pensamos en datos relacionados con la salud, las preferencias, las decisiones o los contactos, la monitorización de las redes sociales con fines relacionados con la seguridad, etc. Todo esto puede llevar a prácticas poco éticas, como la elaboración de perfiles, seguimiento, discriminación, exclusión, vigilancia gubernamental y pérdida de control.

Eso desde el punto de vista de las empresas, pero también hay riesgos éticos en el comportamiento digital de los ciudadanos respecto a la privacidad, como cuando se comparte en un grupo de WhatsApp un vídeo privado que pueda atentar contra la privacidad de una o varias personas, por ejemplo. Por lo que tan necesario es un código ético digital para las corporaciones como para los ciudadanos.

En definitiva, es esencial que la ética digital alcance al desarrollo tecnológico y sea capaz de seguirle el ritmo para que la privacidad de las personas no se vea vulnerada.

Concepto IA ética digital

¿Influye la Ética Tecnológica en la Gestión Empresarial?

Ética y tecnología o ¿qué está bien y qué no lo está cuando hablamos de usos de la tecnología?, es un tema que lleva ya un tiempo debatiéndose a nivel empresarial, la consultora Gatner sitúo la ética digital y privacidad como una de las 10 tendencias tecnológicas en 2019. Las corporaciones han comenzado a cobrar conciencia de la importancia de establecer una serie de principios éticos a la hora usar los avances tecnológicos.

Las compañías son conscientes de los retos éticos que suponen o supondrán el futuro el desarrollo de la IA y el uso de datos en diferentes disciplinas, por ejemplo, las relacionadas con la salud. El presidente de Samsung, Young Sohn, ya plasmó en una entrevista concedida a Bussines Insider la posibilidad de que en el futuro (no muy lejano) se pudiera recopilar información del ADN, ser analizada y clasificada en aras de la investigación científico, reconociéndose preocupado respecto a las implicaciones éticas que el uso de este tipo de herramientas podrían tener, subrayando la necesidad que deberían estar guiadas por principios y ser empleadas con propósitos claros y no con el único objetivo de sacar provecho.

Las empresas deben hacerse responsables en el uso de las nuevas tecnologías y los fines con los que aplican estas, formar sus propios equipos de trabajo para explorar los cambios y aportar una visión global de la ética digital de en la empresa.

En ese sentido, algunas compañías ya están siguiendo los pasos de universidades como la Oxford o la de Loyola en Chicago, que cuentan con sus propios laboratorios digitales para promover el diálogo y la investigación con el objetivo de comprender los nuevos hábitos en ambientes digitales.

Por ejemplo, el Digital Ethics Lab de Oxford ya tiene en marcha dos proyectos; por un lado, la creación de un código ético en Europa sobre la donación de información personal para fines de investigación o temas humanitarios. Y por otro lado, una iniciativa centrada en explorar elementos críticos de confianza, seguridad y éticoa en el uso del IoT.

Compañías como Google y Telefónica ya presentaron sus principios éticos para el trabajo con IA.

Conclusiones

En conclusión, la ética digital y la privacidad tecnológica son campos a los que deben contribuir diferentes actores, desde las instituciones, pasando por las corporaciones, hasta los propios ciudadanos e intentar que el desarrollo de los principios éticos para el mundo digital consigan ponerse a la par que el desarrollo tecnológico, especialmente cuando las leyes van tan a la zaga (pensemos que Google comenzó a rodar en 1998, recopilando nuestros datos durante décadas sin ningún tipo de control, hasta la llegada de las leyes de protección de datos y, especialmente del RGPD en 2018, 20 años más tarde que la creación del gigante informático).

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