Buenos días, Angelina. Enciende las luces, prepárame un café con leche y una taza cereales y léeme las noticias, por favor.

Ok, todo en marcha. Pero una duda: ¿No eres un poco mayor para seguir tomando cereales azucarados?

Ésta puede ser la conversación tengamos todos los que sigamos aquí dentro de 10 o 20 años. Un diálogo con nuestro asistente de voz, que posiblemente tenga la voz de Angelina Jolie.

Las grandes empresas digitales ya dedican el 10% de su inversión a los asistentes de voz. Según los expertos, nos encontramos ante la mayor revolución desde la aparición del smartphone.

Pero nos surge la duda: ¿es sensato instalar un dispositivo de escucha en la intimidad de nuestro hogar?

Reconocimiento de voz, la prioridad para las tecnológicas

Amazon, Apple, Google o Microsoft llevan años destinando grandes cantidades de dinero a la tecnología de reconocimiento de voz.

Apuestan por que el siguiente avance de la tecnología de consumo es comunicarnos en nuestra casa con las máquinas a través de nuestra voz.

Por eso están invirtiendo alrededor de un 10% de su presupuesto de I+D a perfeccionar este campo. Y eso, no hace falta decir que es mucho dinero.

Varios analistas prevén que el reconocimiento de voz será el mayor cambio en la historia de la tecnología desde la llegada del iPhone. Cuando las compras se efectúen a través de una conversación con tu altavoz inteligente todo cambiará.

Pero, ¿no será una moda efímera?

Las grandes compañías apuestan por la inteligencia artificial y una parte muy básica es el reconocimiento de voz.

Estas tecnologías de interacción nos permiten liberar nuestras manos.

Quieres salir a comer fuera y quieres conocer un buen restaurante… no es necesario que busques el móvil.

Estás en el salón jugando con tus hijos y te hacen una pregunta cuya respuesta no sabes… puedes salir de dudas sin levantarte.

O quieres encender las luces, poner la radio…

Antes se exigía al usuario que se adaptara al dispositivo. Y ahora es al revés, el dispositivo se adapta a él.

Evolución del mercado

En Europa el campo de la voz está aún reservado a los que están siempre a la última en tecnología. Pero al otro lado del Atlántico la situación es bien diferente.

El tercer trimestre de 2018 el mercado de EEUU monopolizó el 42,1% de las ventas de altavoces inteligentes de todo el mundo.  El Reino Unido el 5,4% del mercado y China, el 29,4%.

De hecho, casi un 30% de la población estadounidense ya tiene un asistente virtual en su casa. Y las previsiones para 2022 lo aumentan al 55% de los domicilios en Estados Unidos.

Siete años lleva ya Apple tratando de que hablemos con Siri, su asistente de voz. Amazon divulgó en 2014 lo que entonces llamaron “altavoz conectado”, su primera versión de Echo. Y lo mismo hizo Microsoft con Cortana o Google con Assistant.

Perfecto, pero ¿cuál es su funcionamiento?

A través de comandos de voz. Tan fácil como decir “Hola Google”, o “Hola Amazon”, y el dispositivo se activa, dispuesto a escucharte y a seguir tus órdenes.

La gran modificación es que estos dispositivos están siempre ahí: ya no es necesario buscar tu móvil por toda la casa.

¿Y para qué se usan? La cantidad de opciones aún es limitada.

Lo que nos espera

Actualmente, el 80% de las consultas se refieren a consultar el tiempo, poner música, activar la alarma, encender la radio o el temporizador para cocinar.

Para poder efectuar acciones más complicadas, como encender las luces de tu casa o calcular cuánta leche queda en tu nevera, es necesario disponer de electrodomésticos conectados a tu asistente. Y la mayoría de los mortales no ha llegado a esa etapa. Aún.

Lo normal es que estés leyendo este artículo a través del ordenador de tu trabajo o desde tu móvil. Y lo que te estoy contando te parezca ciencia-ficción.

¿Cómo ha surgido esta situación?

Fácil: mediante la inteligencia artificial.

El funcionamiento de tecnología actual es así:

  • Los altavoces inteligentes rehacen una señal con los micrófonos que tienen incorporados.
  • Después transforman esa señal en una palabra a través del reconocimiento de voz.
  • Luego se procesa lo que se llama el lenguaje natural. Es decir, se identifican distintas secuencias de palabras y se les da un significado.
  • Una vez efectuado ese procesamiento, surge el sistema de recomendaciones.

Los algoritmos de estos dispositivos unen la información de los usuarios en lo que se llama información colectiva. Esto significa que nuestros datos se van a compartir con los de otras personas. Y se examinarán con big data para aprender desde el ámbito global y finalizar en el individuo.

El dispositivo parte de lo que hace la gente de manera colectiva y, según tu historial, escoge una de las opciones existentes.

Por ejemplo, si dices “Hola Alexa, ¿qué restaurantes hay abiertos en mi zona?”, puede ser que el dispositivo te pregunte si te refieres a un radio de un kilómetro, porque otras personas lo han preguntado de esa forma. Es aclarar lo que se está preguntando y luego dar con la respuesta adecuada. Por eso cuanta más información mejor. Y así acabas convirtiéndote en una cobaya.

El problema está sobre la mesa.

Detener los avances que nos otorga la tecnología sería ir contra natura.

Los beneficios son mayores que los perjuicios.

Sin embargo, es ingenuo fiarse ciegamente de unas compañías cuyo objetivo es producir el mayor beneficio a sus accionistas. Los asistentes de voz conllevan un gran paso en la evolución de la inteligencia artificial. Aunque ahora sólo los usemos para encender la radio y consultar chistes.

Si pongo voluntariamente un dispositivo de escucha en mi casa, ¿estoy vendiendo definitivamente lo que me quedaba de privacidad?

¿Son seguros estos dispositivos?

¿No me grabarán sin que me entere?

¿Y si los hackean y después publican mis conversaciones privadas?

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