Los coches pilotados automáticamente ya son una realidad. Hace unos meses saltó la noticia de que un automóvil fabricado por la compañía Tesla tuvo un accidente mientras se conducía de forma automática. El accidente originó la muerte del conductor de ese vehículo al introducirse debajo de un camión. En este caso se determinó que el coche iba a demasiada velocidad y no frenó cuando debió hacerlo.

Ese vehículo, aunque lleva una gran cantidad de sensores, no detectó el camión al existir mucha luz y ser blanco ese camión.

La conducción de forma automática de estos vehículos está basada en la inteligencia artificial a través de la cuál aprenden de la conducción manual del conductor.

En ese momento, al ser el primer accidente de ese tipo, existía un vacío legal sobre quién era el responsable del accidente, si el propio conductor o la empresa fabricante del automóvil.

Pero además de las responsabilidades civiles o penales en casos de accidentes, surgen otras polémicas respecto a los datos almacenados por esos coches autónomos y cómo se protegen los mismos.

Datos generados por los coches autónomos

Según los expertos, los datos producidos por un coche autónomo son los mismos que los producidos por 3.000 personas juntas. Por eso este tipo de vehículos tiene gran importancia tanto para las compañías como para las marcas.

La nueva normativa de Protección de datos pretende evitar que la información que los usuarios facilitan al navegar por Internet sea utilizada por las grandes compañías como Facebook o Google en beneficio propio. Este mismo conflicto surgirá con los vehículos conectados o autónomos.

Este tipo de vehículos generan muchísimos datos, tanto el propio vehículo como los usuarios de los mismos. Por ejemplo, los datos generados por los lugares que visitan o por su manera de conducir.

Esto hace que surjan muchas preguntas. ¿Es posible vender esos datos? ¿A quién pertenecen los datos generados? ¿Cuál es la cantidad de datos producidos?

La pregunta sobre la cantidad de datos generada la respondíamos al principio, son tantos datos como los generados por 3.000 personas a la vez.

Millones de datos almacenados

En un futuro no muy lejano podemos estar hablando de un almacenamiento de millones de datos y que pueden utilizarse en beneficios de la industria del automóvil.

Por eso surge la otra cuestión que es a quién pertenecen esos datos. Los expertos consultados consideran que la industria automovilística únicamente debería usar esos datos para su propio beneficio al ser generados por los usuarios. Se trata de una auténtica revolución digital e industrial.

Sin embargo, otros especialistas tienen dudas sobre a quién corresponde la propiedad de esos datos generados y sobre cómo debe utilizarse esa información.

Uno de los principales problemas asociados a estos coches conectados es el de la ciberseguridad. Estas nuevas tecnologías nos hacen más fácil la vida pero también nos hacen más vulnerables.

Interés de las marcas por los datos

Estos datos pueden tener gran utilidad para los fabricantes puesto que a través de ellos pueden conocer las necesidades del vehículo y su estado.

Por ejemplo, si el coche detecta que las ruedas están gastadas puede avisar directamente al servicio técnico de la marca para que nos pidan una cita en el taller oficial.

A través de esos datos los fabricantes obtienen información directa sobre el mantenimiento y el uso del vehículo. Esto hace que disminuyan las visitas a talleres que no sean oficiales lo que ocasionará un beneficio para la propia marca.

Es posible también que los fabricantes faciliten la información a otras marcas que formen parte del mismo grupo de automoción.

Se prevé que en tres años el 100€ de los vehículos estén conectados y se compartirá una nube online de todas las marcas del mismo grupo.

La tecnología está avanzando a pasos agigantados por lo que serán muchos los cambios que estén por venir. Determinar la propiedad de los datos generados por esos vehículos conectados será una cuestión que habrá que tener presente.

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