En la nueva era digital los datos han llegado a rozar un punto tóxico, ya que proporcionan demasiada información sobre ti a la empresas que los quieren tratar para sus fines comerciales. Por eso la privacidad de la información de usuario se ha convertido en una necesidad imperiosa.

Escándalos en la privacidad

Es un no parar de constantes casos que están saliendo a la luz sobre escándalos relacionados con la violación de la privacidad.

ejemplos proteccion de datos

Desde el comercio de historiales médicos sin consentimiento de los pacientes. Pasando por utilizar los datos del consumidor para influir en sus decisiones, conocido como microtargeting. Hasta la filtración de millones de usuarios de una red social de citas amorosas extramatrimoniales. Sin olvidarnos del reciente caso de Cambridge Analytica y Facebook.

Aunque parecen sacados de un guión de “Black Mirror” son situaciones reales que ponen en valor la importancia de la privacidad.

Proteger nuestros datos nos mantiene a salvo de humillaciones, evita discriminaciones injustas y ayuda a la buena salud de las democracias. Así los ciudadanos se forman una opinión “libre” para tomar decisiones.

Aprendiendo por las malas

La experiencia se adquiere de los errores, por eso, de esta falta de protección de datos podemos aprender algunas lecciones importantes.

Como por ejemplo, que las consecuencias de la pérdida de privacidad no suelen ser inminentes, ya que los daños relacionados con estos delitos son acumulativos. Pero el riesgo está en que los efectos nocivos son invisibles hasta que el daño ya es irreversible.

Muchos creemos que ceder un dato personal a una empresa no es problema. Pero en cuanto se da esa información no se puede recuperar y rara vez está aislada, ya que se analiza y utiliza en perjuicio del sujeto.

Datos tóxicos

Al ser los daños acumulativos los datos son una bomba a punto de explotar. Unos bienes tóxicos que se utilizaran en nuestra contra. Incluso cuando se han cedido con un fin bueno con el paso de tiempo esa información acumulada se puede vender o utilizar para otros propósitos.

La información que aporta los datos personales es peligrosa porque no es fácil de proteger. Por ese motivo los datos se consideran vulnerables. Tanto para el responsable de tratarlos como para el titular de los mismos, ya que si se difunden se desvelarían secretos y suponer una cuantiosa demanda.

Protegerse ante los hackers es una tarea ardua complicada, ya que juegan con ventaja. Un ataque mañoso y con un respaldo económico, más el factor sorpresa, pone a los ciberatacantes como vencedores de la partida. A estas buenas cartas se suma el valor de los datos, ya que están muy cotizados siendo como los diamantes de los enanitos de Blancanieves. Por lo que siempre habrá buscadores de tesoros interesados en nuestros datos.

El premio gordo de los hackers

Hacerse con los datos da dinero y poder a aquellos que los consiguen.

Dinero por la venta de los mismos a otras empresas. Ya que cuanto más se sabe de nosotros más fácil que sepan qué nos interesa comprar y cuánto estaríamos dispuestos a pagar.

Pero la posesión de datos de terceros pueden utilizarse de manera discriminatoria. Por ejemplo una aseguradora pueda rechazar a los clientes con problemas de salud genético. O para la extorsión o robo, como practican algunos Gobiernos.

El poder es otra moneda de cambio en el negocio de los datos. Ya que cuanto más información tienen de nosotros más vulnerables somos.

Por ejemplo, usar la vigilancia para adelantarse consigue dominar a las personas. Si todo esto te resulta increíble, pensemos en los nazis que, sin Internet, consiguieron localizar a todos los judíos gracias a los registros civiles. Prácticas así ahora se pueden extrapolar al actual Gobierno chino con su “crédito social”, que sirve para evaluar la reputación de las personas a partir de registrar sus datos.

Hacerse con los datos da dinero y poder a aquellos que los consiguen.

Si se nos trata de manera distinta por la información que tienen de nosotros se viola el principio de igualdad de oportunidades. Por eso la privacidad se da la mano con la democracia, la igualdad y libertad.

Quizá el ejemplo de china nos suene muy lejano. Pero sin salir de tu ordenador Google tenía unos algoritmos que mostraba anuncios de trabajos bien remunerados a más hombres que a mujeres.

Siempre que exista gente que quiera ser tratada diferente habrá otros que se vean desfavorecidos en la misma situación.

Consecuencias de perder tu privacidad

El lado negativo de perder tu privacidad no es sólo a nivel individual. También afecta en el ámbito social y político.

Lo primero es dejar claro que el que quiera salvaguardar su privacidad no es egoísta, más bien todo lo contrario. Está protegiendo un bien común, la democracia.

Al igual que estamos todos de acuerdo con que no se negocia con ciertos temas: niños, órganos, votos, etc. Los datos deberían clasificarse dentro productos tóxicos y tratarlos como tal. Es decir, dejarlos fuera de la circulación del mercado.

Existen datos muy personales y demasiados sensibles para poder sacar partido de ellos. La información de que alguien ha sido víctima de un crimen, ha sufrido un accidente o padece una enfermedad no se tendría que poder compartir sin el consentimiento explícito de la persona afectada. Y ya ni hablar de venderla o utilizarla para lucrarse a costa de sus debilidades.

Posibles soluciones 

proteger la privacidad de los datos personales

Cuando son datos más básicos y esenciales para realizar una actividad o servicio se puede garantizar su eliminación de manera sistemática y periódica. Y así evitar que se acumulen innecesariamente o posibles fugas.

Las redes sociales podrían tener una fecha de caducidad de las publicaciones. Y un sistema de limpieza para esas aplicaciones que no utiliza el usuario o amigos con los que no habla desde hace años.

La gente debería hacer todo lo posible para proteger su privacidad:

  • ceder tan pocos datos como sea posible,
  • usar servicios que cumplan las normas (DuckDuckGo en vez de Google, Telegram en lugar de WhatsApp, ProtonMail y no Gmail…) y
  • borrar de vez en cuando los datos acumulados.

Pero no toda la responsabilidad es de los usuarios, ya que es imposible un control absoluto de tus datos. Y porque no somos conscientes de la mayoría de las fugas de datos.

Pero nada puede sustituir a la regulación oficial.

El Reglamento General de Protección de Datos, RGPD, que entró en vigor el 25 de mayo de 2018 en la Unión Europea, es una nueva Ley es un punto de inflexión en la era digital.

Empresas como Facebook o Google han abusado de nuestra confianza. Pero ahora la UE velará por la protección de datos de los ciudadanos.

Entre las medidas que se van a implantar está la de ampliar en los derechos ARCO el derecho al olvido. Los usuarios pueden reclamar al responsable de tratamiento que borre sus datos o que no sean utilizados por terceros.

Hay que aprovechar los recursos que están a nuestro alcance. Tanto para que las empresas no hagan un uso indebido de mis datos como para que mi empresa cumpla con la normativa de protección de datos.

¿Necesitas cumplir el RGPD?

Proteger la privacidad de tus datos es una prioridad
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